lunes, 12 de marzo de 2012

Lluvia de mí




Lluvia de nosotros,
Y sí,
A veces llovemos,
Nos hacemos cascada,
Cuando nuestro cielo desgarra,
Toda el agua acumulada.


Inevitable es,
No sentirse salpicado.


(Somos gotas perfectas,
Antes de caer)








¿Cómo se tragan los días grises? Cuando hay un atardecer por la ventana que se enciende de
viento amarillento, y hace volar las hojas como si fuesen pequeños pájaros a punto de
embarcar su vuelo. El silencio opaco asusta a mi ventana, y es detenido por gotas rocosas que
caen deslizándose. Caen y revientan, revientan y se apilan, unas con otras como si fuese una
montaña mojada.
Y aún así, entreteniéndome al ver el espectáculo del día gris, algo se detiene en mí. Y me
transformo en pensamiento constante a punto de reventar. Me asusto de esos internos
fantasmas grises que juegan con la lluvia en mi ventana, como si fuesen amigos invisibles
invitándome a jugar a traspasar mi vida, a traspasarme. Son sólo sueños, que se esmeran día a día, por vivir conmigo. Caminan bajo la lluvia, por más frío empapado que quiera asustarlos. Son sueños que cruzan la calle, y aún sin paraguas, me vienen a buscar para ir a dar una vuelta hacia algún lado. Me invitan una y otra vez a transitar una caminata frágil, que acomode los latidos de mi corazón, esos que se encuentran desordenados, disparatados, lluviosos y mojados.
Y ahí, nomás, me voy, a pasear con mi reflejo dormido que quiere despertar, hasta enchastrar
en algún charco, todos los miedos que se acomodaron alguna vez en mí.










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