sábado, 23 de marzo de 2013

Jugar



"Los niños al jugar se arriesgan a lastimarse. No sienten miedo. Se raspan el cuerpo. Lloran. Se limpian la cara. Un buen suspiro... Y siguen jugando.

La hamaca:

"A veces hay que soltar, la misma cadena que nos hace volar"



Siempre me gustó hamacarme. Y ver mi sombra como se hamaca en el suelo. Esa sensación de estar volando sobre la misma tierra. Volar con las manos amarradas a una cadena. Sentir ese cosquilleo en la boca del estómago. Ese hormigueo en el medio del pecho al elevarme. Acercarme más al cielo. Abrir los ojos cuando me elevo y darle formas a las nubes. Y al ir hamacandome hacia atrás cerrarlos. Al cerrar los ojos sonreir. Y sentir ese profundo mareo. Una desorientación agradable. Ese revoltijo de emociones que sólo puede generar un juego. Un juego que te hace sentir en el aire. Un juego que te hace sentir tan libre. Aunque.. atrás siempre había alguien empujándome. Y era aún más linda esa sensación. Una libertad sostenida. Era como volar cuando iba hacia adelante, y cuando aterrizaba, sentía un toquesito en mi espalda que me enviaba nuevamente hacia arriba. Claro.. porque mis pies no tenían fuerza para ir hacia adelante sólos. Lo intentaba una y otra vez. Y sólo lograba apenas mover las cadenas. No era divertido. Prefería el empujón.
Pero de a poco me fui soltando... y me di cuenta que mi espalda ya no recibía empujoncitos.
Y un día. Cuando todavía era niña, estaba con mi vestido preferido aprendiendo a soltarme. Me sentía como en las nubes, y cada vez me elevaba un poco más. Abría y cerraba los ojos. Disfrutando ese mareo constante que te genera hamacarte. Me balanceaba hacia adelante, flexionaba mis piernas hacia atrás. En cada hamacada lo hacía con más fuerza. Contenta. ¡Ya nadie me empujaba! Miraba hacia atrás y estaba yo solita. Solita conmigo misma y con mi propia elevación. Hasta que de repente mis manos se humedecieron y solté la cadena que me hacía volar. Y me encontré en el suelo..Me caí de la hamaca y me raspé la pierna.  Y mis zapatitos se llenaron de barro. Mis medias de bolados quedaron rotas, sucias. ¿Pero saben qué? Sólo noté el miedo cuando visualizé mi dolor. La caída no me dió miedo. Sólo se me abrio el dolor en mi cuerpo cuando ví mi rodillita de otro color. Con una herida abierta. Algo rojo salía de mi interior. Algo diferente a lo que reflejaba mi piel .Algo desconocido. Y mis lágrimas  se deslizaban sobre mis mejillas como si fuese un tobogán. Y comprendí que la caída me hizo crecer. Y conocer cosas nuevas. Bajo mi piel hay vida. Hay colores. Hay sangre. Los dolores dan miedo. Los miedos duelen. Y esa herida  la descubrí sóla. Sin ningún empujón. Sacudí mis lágrimas. Y entre mi doloroso enchastre me subí a otro juego. Creo que aprendí a jugar conmigo misma. A caerme, sollozar un poco, dar un buen suspiro y comenzar a jugar de nuevo.

"Siempre hay dolor,
Cuando uno se empuja a solas."

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